octubre 19

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Ni tú ni usted: la cortesía cuando el español sale de casa

Seguro que ya lo vieron. Y si no, alguien se los mandó por WhatsApp con un «¿tú qué opinas?». Un vendedor colombiano ofrece café en una calle de Estados Unidos: «Buenos días, ¿cómo estás? ¿Tomas café? ¿Quieres tomarte un cafecito?». El cliente, mexicano, lo frena en seco y le exige que le diga «señor» y le hable de usted. El colombiano se disculpa con esa fórmula tan suya: «En Colombia hablamos así, señor, qué pena». Pero el mexicano no cede y le recuerda que ya no están en Colombia. La réplica del vendedor no tarda un segundo: «Tú también estás acá, no en México».
Confieso que vi el video varias veces. No por el morbo del pleito (de esos sobran en internet), sino porque en treinta segundos nos llega la duda que abre la puerta y nos obliga a plantear una de las preguntas más interesantes que podemos hacernos quienes andamos metidos en esto de la lengua: ¿a qué nos atenemos cuando dos formas de hablar español se cruzan lejos de casa?
Les adelanto mi postura, como suelo hacer en clase, para que puedan discutírmela desde el principio. En tierra neutral, el punto de partida más prudente siempre será la norma panhispánica, que recomienda el «usted» con adultos desconocidos. Ahora bien: esa norma es una guía de convivencia, una red de seguridad; jamás un pretexto para ofender al interlocutor ni para juzgar su dialecto como una falta de respeto.
Empecemos por desmontar un espejismo común: la idea ingenua de que el «tú» significa lo mismo en todo el mapa hispanohablante. La propia Nueva gramática de la lengua española lo advierte con bastante claridad:
«Intervienen en la elección de las formas pronominales de tratamiento la confianza que exista entre los interlocutores, la cercanía, la solidaridad, la intimidad, el respeto, el nivel del que recibe el trato en relación con el de quien lo otorga, la situación comunicativa y su grado de formalidad» (RAE y ASALE, Nueva gramática, § 16.15a).
Fíjense bien en esa lista: no habla de desinencias verbales ni de reglas sintácticas. Habla de relaciones humanas. El pronombre es el termómetro con el que le decimos al otro a qué distancia lo colocamos. Y aquí es donde el asunto se pone bueno si nos ponemos en los zapatos de ambos. En México —y aquí hablo también con mi propia experiencia de hablante— el sistema es casi matemático (bueno, no exactamente matemático, pero sí muy delimitado): «es propio del español de México el sistema de tratamiento que opone los pronombres singulares tú y usted, el primero para el trato de confianza y el segundo, para el trato deferente y de distancia» (AmeliCA). Para un adulto mexicano, que un dependiente desconocido en la calle le suelte un «¿cómo estás?» no se siente como simpatía; le brinca de inmediato como una confianza no pedida.
Pero crucemos la frontera mental y miremos al vendedor. Colombia no tiene una sola brújula para el trato. En la costa caribeña el uso es rotundamente tuteante, tal como certifica el Diccionario panhispánico de dudas: «En Colombia, el dialecto costeño atlántico es netamente tuteante» (DPD, «voseo»). Sin embargo, en el interior del país, en Bogotá y sus alrededores, el paisaje cambia: la gramática académica documenta que allí el «tú» representa «en algunas partes de Colombia (entre ellas, la región de Bogotá) un grado intermedio de tratamiento entre vos, forma no marcada para el trato de confianza, y usted, forma de respeto» (§ 16.15m). En cualquiera de los dos casos, el tuteo del vendedor no era ninguna falta de educación; simplemente venía con el chip de su tierra.
Entonces, si cada uno tiene razón en su propia sala de estar, ¿qué pasa cuando nos encontramos en el territorio de nadie? Para eso construimos lo que me gusta llamar un idioma común de cortesía. No se trata de un código penal con multas, sino de un acuerdo tácito entre hablantes de más de veinte países: una convención para que nadie salga raspado.
En ese terreno neutral, las academias son muy claras: «el trato de usted dirigido a los desconocidos adultos sigue siendo, con escasas excepciones, la norma común en el español general contemporáneo» (§ 16.15h). Y unas líneas más adelante, la gramática describe una escena que parece calcada de nuestro video: el «tú», advierte, «puede resultar ofensivo en algunas situaciones, como cuando se usa para dirigirse a un dependiente o a un camarero adulto al que no se conoce, a un paciente de cierta edad (salvo que él mismo haya consentido en recibirlo), a un cliente adulto igualmente desconocido por el que lo atiende» (§ 16.15j).
Un cliente adulto desconocido: exactamente la escena del café. Tampoco es que el vendedor haya cometido un disparate imperdonable, pero de todo el repertorio disponible, el «usted» era la opción con menor riesgo de fricción. Según el Diccionario panhispánico de dudas, el «usted» «implica cierto distanciamiento, cortesía y formalidad» (DPD, «usted»), y esa pequeña distancia inicial con un extraño rara vez incomoda. Piénsenlo como el saco que uno se pone para una entrevista de trabajo: tal vez al rato nos inviten a quitárnoslo, pero de entrada difícilmente desentona.
Eso sí: conviene no perder de vista la advertencia que abre ese misma cita de la gramática: «Aunque existen notables diferencias entre las comunidades hispanohablantes en este punto» (§ 16.15j). O sea, la misma academia nos avisa que las cosas cambian según el código postal.
Aquí llegamos a la parte más álgida de la historia, donde el lenguaje nos regala una contradicción de antología. El cliente cerró su reclamo con estas palabras: «¿Quieres vender? Dirígete a las personas grandes con usted, si no, no vas a vender». Y remató la faena con un «Estúpido».
Deténganse un segundo en el detalle: «Quieres». «Dirígete». El hombre que exigía reverencias terminó tuteando al vendedor para agredirlo. Curiosamente, la propia Nueva gramática ya había contemplado este tipo de reacciones al observar que «las imprecaciones y otras formas del discurso que revelan enojo favorecen que se trate de tú a personas a las que normalmente se dispensa trato de respeto» (§ 16.15d). El coraje, por lo visto, también tiene sus caprichos de conjugación.
¿Y el vendedor? No se enganchó: se despidió con un tranquilo «Muchas gracias, que tengas buen día».
Aquí quizá exagero un poco, pero creo que esta es la lección de fondo del video. La cortesía no está en el cascarón exterior de un pronombre, sino en el cuidado de la dignidad del otro. Uno puede aventar un «usted» para sobajar a alguien, mientras que un «tú» dicho con buena fe no ofende a nadie. Por algo la gramática nos recuerda que «el llamado trato de respeto no siempre implica distancia personal o afectiva» (§ 16.15v), mientras que el «tú» funciona tantas veces como «signo de cercanía, de igualdad asumida o presupuesta, de juventud o de solidaridad con el interlocutor» (§ 16.15h). Que levante la mano quien, tras ver la grabación completa, crea que el tuteo del vendedor fue más violento que el insulto del cliente.
Ya los escucho venir en los comentarios: «A ver, profesor, pero si ninguno estaba en su país, ¿con qué derecho viene nadie a imponerle reglas al otro?». Es una objeción legítima: en una calle de Estados Unidos no rige por decreto la costumbre de Bogotá ni la de Guadalajara.
Pero precisamente para no terminar a sombrerazos existe el estándar panhispánico. No es una imposición imperial de Madrid ni de ninguna capital; es una mesa redonda donde las veintitrés academias pactan «respuestas consensuadas que, respetando las variantes de uso, reafirman y preservan la unidad del español» (DPD). Y lo más curioso es que los propios hablantes aplicamos esta cintura diplomática sin darnos cuenta. La gramática documenta, por ejemplo, que en el Río de la Plata —territorio voseante por excelencia— es muy habitual que la gente emplee el «tú» al hablar con extranjeros recién llegados (§ 16.15m). Lo hacen para no sonar tan secos con el usted, pero sin la confianza desmedida de meterse hasta la cocina con el vos frente a alguien que apenas van conociendo. Es una brújula intuitiva que modula el volumen del trato, justo lo que brilló por su ausencia frente al carrito de café.
Vuelvo entonces a nuestra pregunta de arranque: ¿a qué nos atenemos cuando el español cruza fronteras? Mi postura después de esta plática con ustedes es sencilla: ante un adulto al que no conocemos (especialmente si estamos atendiendo un negocio, cobrando en una caja o pidiéndole una indicación a alguien en la calle), lo mejor es entrar con el «usted». Es una forma de medirle el agua a los camotes. Ya después habrá tiempo para que el otro nos diga «tutéame con confianza», que siempre se agradece.
Y si nos toca estar del otro lado del mostrador y el tuteo de un desconocido nos incomoda, se pide el «usted» por las buenas, como pidiendo un favor y no regañando como si fuéramos sus papás. Al final, la cortesía empieza por la manera en que pedimos las cosas.
Y ahora la pregunta es para ustedes. ¿Alguna vez un «tú» o un «usted» fuera de su tierra los hizo sentir fuera de lugar, reconfortados o de plano ofendidos? Déjenmelo en los comentarios: de dónde son, dónde estaban y cómo lo resolvieron. Me preparo un café y me siento a leerlos a todos.


Para seguir leyendo

• El Imparcial (2026). «Mexicano reclama a colombiano por tutearlo: “Se habla de usted, no de tú” (VIDEO)». https://ebx.sh/3pD8AZ
• Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2009). Nueva gramática de la lengua española, § 16.15 «Las formas de tratamiento (I). Trato de confianza y trato de respeto» [en línea]. https://www.rae.es/gramática/sintaxis/las-formas-de-tratamiento-i-trato-de-confianza–y-trato-de-respeto
• Real Academia Española y ASALE. Diccionario panhispánico de dudas, 2.ª ed. (versión provisional), «usted». https://www.rae.es/dpd/usted
• Real Academia Española y ASALE. Diccionario panhispánico de dudas, «voseo». https://www.rae.es/dpd/voseo
• Real Academia Española y ASALE. Diccionario panhispánico de dudas, presentación. https://www.rae.es/dpd/
• «Tú y usted en la Ciudad de México. ¿Qué tanto y cómo…?», AmeliCA (cita a Vázquez y Orozco, 2010). https://portal.amelica.org/ameli/journal/121/121629002/html/


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